jueves, 23 de octubre de 2008

Extraño lugar. (Parte 1)

Los primeros rayos de sol la hicieron despertar. Parpadeando perezosamente vió unos enormes y oscuros troncos que ascendian muchos metros hacia el cielo, culminando en frondosas y humedas copas que impedian el paso de la luz casi por completo.

Hacia mucho frio.

No sabia donde estaba, ni como habia llegado ahi. Se incorporó mientras se quitaba las hojas y ramitas que tenia por toda la ropa y el pelo. Tenia magullados los codos y rasguños en la cara.
Mirando alrededor vio que estaba, como suponia, en un frondoso y humedo bosque. Ni caminos, ni senderos a la vista, solo árboles y más árboles, cada cual más alto. Y ni rastro de vida alguna.

Arropándose con su fino jersei aguzó el oido y fue entonces cuando oyó, fuerte, desgarrador y cercano un tremendo grito. No supo distinguir, presa del miedo, si humano o animal. Al no ver de donde salia se puso cada vez más nerviosa y sintiendo como el pánico se apoderaba de ella, hechó a correr en la dirección que creia contraria al origen del ruido.

Entonces se percató de que iba descalza, solo un mísero calcetín en el pie izquierdo, y de que el suelo estaba tremendamente frio y resvaladizo.

Nada, aparte de su respiración y del crujir de las hojas bajo sus pies en carrera, se oía en el bosque. Paró en seco al cabo de unos metros, sintiendose ridícula al ver que nada ni nadie la perseguia. Y comenzó a pensar que el ruido era fruto de su desorientada mente.

Erguida entre los arboles volvió a aguzar el oido... nada otra vez, ni un suspiro. Pero de repente y sin previo aviso una sombra corrió entre los árboles, muy cerca del lugar en el que se encontraba.

Notó como se le helava la sangre y la adrenalina comenzaba a correr por sus venas. Sin recibir respuesta al preguntar quien andaba por ahi, dió media vuelta dispuesta a iniciar de nuevo la carrera.

Justo al comenzar la precipitada huida un nuevo y desgarrador aullido sonó a su espalda, lo que provocó que, presa del pánico, estuviera a punto de trastabillar.

Continuó la carrera sin atreverse a mirar atrás e ignorando las heridas que le provocaban las inumerables ramas que chocaban contra ella, una y otra vez, a medida que avanzaba entre los apretados árboles.

2 comentarios:

Noe dijo...

Q miedo!!
No me gustaria ser ella... xD

Ahora me has dejado con la intriga, espero ver pronto la 2ª parte =)

Me alegra que mi texto te haya gustado... ;)

Besitos

Àngela dijo...

Uf que miedo! Y nos dejas así, con lo miedosa que soy, espero la segunda parte impaciete.

Besos