martes, 31 de agosto de 2010

Dulce chiquilla...

Aprieta el sol en lo alto del nítido cielo, castigando el mar de sombrillas multicolores que cubren cada centímetro de ardiente arena, solo unos pasos las separan de la orilla, practicamente seca fruto del tímido oleaje de mediodía.

Una mano se balancea ligeramente a medida que su dueña avanza con dificultad por el bosque de sombrillas. Sus finas muñecas ocultas bajo sendas pulseras de madera dan paso a bronceados brazos. La cálida brisa agita ligeramente el pareo que descansa sobre sus caderas, convirtiendo su avance en una sensual danza para los ojos.

En la otra mano sostiene precariamente un helado y a pesar de intentarlo, sus carnosos y estilizados labios son incapaces de evitar que las lágrimas de vainilla correteen por el crujiente cucurucho.

Con los pies medio hundidos en la ardiente arena, continua su gracioso avance hacia el oasis de toallas que es su destino, mientras, su curiosa mirada juguetea saltando de sombrilla en sombrilla, en busca del mas bonito de los infinitos colores que inundan la playa...

Para la graciosa, encantadoramente impaciente y sorprendente Cristina.

3 comentarios:

Cristina Campos dijo...

Jo, no sé qué decir...
¡Me encanta(s)!
Me gusta el olor a mar y a salitre que se respira, y el sabor de la vainilla... Uhm... Mis helados favoritos son de vainilla.
Casi puedo saborearlo mientras escucho el ruido de las olas y de sus pulseras de madera cuando chocan al caminar.
Eres genial.

PD: Gracias :D

aLba * dijo...

a todo el mundo le encanta que le dediquen cosas asi :)

saudade dijo...

:)...!