viernes, 26 de diciembre de 2008

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Tu eres todos los kilómetros que has recorrido.
Eres cada una de las personas que has conocido.
Tu eres los atardeceres que has visto. Todos los lugares en los que has amanecido.
Cada sabor , cada olor , cada alto en el camino.
Eres cada huida y cada reencuentro.
Todos los mares en los que te has bañado.
Todos los caminos que has tomado,
cada cerro, cada valle, cada río.
Tu eres lo que has visto y lo que has vivido.
Elige bien quién te guía.
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Sacado de uno de los pocos spots capaces de atraer mi atención. ( Guía Repsol ¬¬)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Con larga barba y triste final.

Con turbia mirada e inseguro caminar avanza el desaliñado hombre por la gris ciudad.

Hace ya tiempo que perdió su hogar, ahora su única casa es la gran ciudad. Esa ciudad ostil y sucia, en la que se ve obligado a vagabundear.

Se deja caer en un destartalado banco de algún olvidado parque y mientras observa los negros nubarrones que se ciernen amenazantes sobre su cabeza, saca de la mochila un cartón de vino aún por estrenar.

Desde que ahogado por las deudas, comenzó esta nueva y desesperada vida, su única preocupación es cuanto tardará en conseguir el suficiente dinero para comprar alcohol y donde se tirará hasta que se le pase.

Abre el cartón y pega un largo trago, con ansia, sin aliento. Sigue bebiendo hasta que nota que necesita respirar, entonces para, erupta y mira de nuevo al cielo. Ya añochece y empieza a chispear. Pega otro sorbo e intenta levantarse en busca de algún rincón resguardado en el que poder dormir en paz.

Al levantarse la cabeza le da vueltas y le impide caminar. Ya conoce esa sensación. A empezado a beber demasiado pronto, la anterior cogorza aún le dura, y corre riesgo de empezar a vomitar.

Apoyado en el banco espera a que pase el mareo y entonces comienza la marcha, recuerda que por alli cerca hay un cajero de BBVA bien calentito, y es allí a donde pretende llegar.

Por el camino empieza a llover intensamente. Los periódicos que lleva bajo el brazo comienzan a mojarse, el corre para evitar que queden inservibles, olvidándose del zumbido de sus oidos y pegando un último gran trago con el que termina el vino.

Pero su cuerpo no olvida la mala vida, y acusa ese litro y medio de alcohol guardado en el estómago, vacio y ulcerado.

Y es entonces cuando nota como le sube una tremenda arcada y se apoya en una columna para vomitar. Al acabar, levanta la cabeza y todo empieza a darle vueltas, busca el vino, remedio a todos sus males, pero ya no queda. Aumenta el mareo, que se convierte en vértigo y busca de nuevo la columna para intentarse apoyar, al no encontrarla cae al suelo, y allí se queda, incapaz de levantarse y con una brecha en la frente, que empieza a sangrar.

La gente pasa rápida y sin apenas mirarlo, enfundada en sus gruesos abrigos y con grandes paraguas, como mucho sienten curiosidad. Él pierde el conocimiento, incapaz de mantenerse despierto.

Nadie se detiene, nadie le ayudará. Humanos inhumanos, sin principios, ni moral, ese es nuestro mundo, asi es la cruda realidad.

Puede que el hombre muera tirado en la acera, o que por fin alguien se digne a mirar, a ver lo que ocurre, a salir de su burbuja y descubrir el significado de las palabras piedad y humanidad.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cuando te crees el culo del mundo...

El Gobierno de Aznar aseguró que en Guantánamo se respetaban los Derechos Humanos:


Sobran las palabras...





Siento no tener tiempo para más! Espero encontrarlo antes de la semana que viene, que ya toca.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Cerco mundial a las bombas de racimo.

El tratado, firmado por 120 países, prohíbe la fabricación y compraventa del arma. EEUU, Rusia, China e Israel ignoran el texto rubricado en Oslo.



Las bombas de racimo son proyectiles lanzados desde el aire que despliegan pequeños artefactos explosivos en radios amplios de territorio. Diseñadas a finales de la Segunda Guerra Mundial, su objetivo original era frenar el avance de ejércitos formados por muchas unidades. Las ONG denuncian que su uso ya no tiene sentido en los conflictos actuales y que sus principal víctima acaba siendo la población civil.





Información extraida de El Público.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Despedida...

El ruido del motor del coche siempre le sirvió para relajarse, pero ese dia gris y frio se le antojaba imposible conseguirlo.

Los feos nubarrones presagiaban de todo menos felicidad mientras la madre ponía dirección al hospital. Los niños permanecian sentados en silencio, el mayor delante y los otros dos detrás.

Las ventanas reflejaban la tenue luz otoñal mientras se empañaban debido a la fria lluvia que caía en el exterior.

Dejaron el coche en el aparcamiento y entraron en el enorme edificio. Recibidos por frías paredes y altos techos, avanzaron hacia la habitación que contenía el motivo de su visita.

El olor a desinfectante lo invade todo mientras caminan por esos pasillos de resbaladizos suelos y silencio sepulcral. Suben unas escaleras y llegan a un pasillo plagado de inumerables y feas puertas marrones. La que buscan tiene un 164 gravado justo en el centro.

Avanzan por el desolado pasillo en busca de la puerta, los números se suceden más rápido de lo que todos desean, pues ninguno quiere chocar con la cruel realidad que les espera tras esa vieja plancha de fea madera.

Llegan hasta ella y se detienen. Están allí los cuatro, parados delante de esa puerta sin saber que hacer, resistiéndose a seguir, o quizá solo reuniendo las fuerzas necesarias para hacerlo.

Al cabo de unos instantes la madre toma las riendas de la situación y fuerza el desenlace abriendo lentamente la puerta. Entra sigilosamente en el interior, con los niños siguiéndola como autómatas a un paso de distancia.

Dentro, postrado en una cama, está su abuelo, padre para la madre. La antaño gran y vigorosa figura paternal que desempeñaba ese hombre, yacía totalmente desdibujada entre las sábanas, abatido y desorientado, al saber cercano su final.

Estában alli para despedirse, los niños lo sabian a pesar de que nadie se lo habia dicho. El hombre los observaba con ojos vidriosos y mirada desorientada, como intentando explicar sin palabras lo inexplicable. Intentando justificar algo que escapaba a su comprension: como un hombre bueno y honesto, que hasta hace unos meses emanaba fuerza y felicidad, se habia visto reducido a tan poca cosa, a tan triste final.

Sobraban las palabras y faltaba el aliento, por lo que la madre, después susurrar algo al hombre, dió por finalizada la despedida y se dirigió hacia la puerta. El hombre, con lágrimas en los ojos movia la mano en forma de despedida desde la cama, y los niños gravaban a fuego esa última imagen mientras se alejaban de él para siempre.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Con mierda hasta el cuello.

No hay nada que duela más que el sacrificio sin recompensa, la atención sin respesta... y todo eso en general.

Hoy es un buen dia para volver a poner un texto que en su dia ya subí:

Sobre destrozados zapatos desgasta las aceras con su lento deambular, los brazos oscilan muertos a sus costados mientras continua cabizbajo su errático camino. Su mirada, perdida tras ese oscuro pelo, no logra ocultar la locura que anida en sus rojas retinas. Los puños crispados y el gesto torcido, dejan entrever la rabia y desesperación que pugnan por salir y desatrse.

El intenta contenerse, no ceder ante la enorme presión que siente en el pecho. Una lágrima cae veloz por su mejilla.

No soporta, no logra entender, esta absurda, falsa y plastificada sociedad. Esta montaña de falsedades y prejuicios, que al final y sin remedio, lograrán machacarle.


jueves, 27 de noviembre de 2008

Iván Ferreiro - Turnedo

Con falta de tiempo e incapaz de subir videos (no se que coño hago mal, pues antes podía...¬¬), dejo aquí esta letra, preciosa a mi parecer y profunda como pocas.



Desde aquí, desde mi casa
veo la playa vacía
ya lo estaba hace unos días
ahora está llena de lluvia
y tú ahí sigues sin paraguas
sin tu ropa, paseando
como una tarde de julio
pero con frío y tronando
¿se puede saber qué esperas?
¿que te mire y que te seque?
Que te vea y que me quede
tomando la luna juntos
la luna, tú y yo expectantes
a que pase algún cometa
o baje un platillo volante
y la playa llora y llora
y desde mi casa grito
que aunque pienso en abrazarte
que aunque pienso en ir contigo
el doctor me recomienda
que no me quite mi abrigo
que no esté ya más contigo
y yo no puedo negarme pues
el tipo soy yo mismo
estudié mientras dormías
y aún repaso las lecciones una a una
cada día
yo no puedo aconsejarte
ya es muy duro lo que llevo
dejemos que corra el aire
y digámonos adiós.

Aunque siga suspirando
por algo que no era cierto
me lo dicen en los bares
es algo que llevas dentro
que no dejas que te quieran
solo quieres que te abracen
y publicas que no tuve ni valor
para quedarme
yo rompí todas tus fotos
tú no dejas de llamarme
¿Quien no tiene valor para marcharse?
¿Quien no tiene valor para marcharse?
¿Quien no tiene el valor para marcharse?
¿Quien prefiere quedarse y aguantar?
¿Marcharse y aguantar?




unBeso/saludo para el que se pase.^^

viernes, 21 de noviembre de 2008

Cuando no hay nada más que olvidar...

Con vacilante paso y temblorosa mirada, avanzaba el viejo por la orilla de la desierta playa. La tranquila marea moja dulcemente sus descalzos y arrugados pies, a la vez que borra las nítidas huellas que deja sobre la arena, en su precario deambular.

Temblorosa y perdida mirada de grises y acuosos ojos, empeñados al parecer, en buscar algo que solo ellos logran ver. Grises ojos enmarcados en un rostro endurecido y castigado por la edad, que relata mil historias, tantas como las que su mirada oculta, bajo un velo de tristeza y añoranza.

Nadie sabe que está allí, pues salió de buena mañana. Nadie le hecha de menos en casa, pues vive solo y hace ya años que nadie viene para dedicarle un momento, tan siquiera la más mínima mirada.

Prosigue su errante camino mientras los últimos rayos de ese cálido atardecer, iluminan su canoso y desgreñado pelo. Está desorientado, se siente abatido y abandonado. No logra identificar el lugar en el que está, pero eso ya se volvió algo normal hace un tiempo, cuando todo se le empezó a borrar.

Siente miedo y desesperación, al ver objetos o lugares que ahora, y nunca antes, escapan a su comprensión.

Sabe que algo le ocurre, pero no logra ponerle nombre. Él solo busca un hombro en el que apoyarse, una mirada de comprensión... Pero al no hallar nada de eso, se hunde ya sin remedio en la oscuridad de su mente, en esta nueva e inexpugnable prisión.